EL RIAD PALACIO DE LAS ESPECIAS, UN OASIS DE PAZ oculto en la Medina

El​ ​Riad​ ​Palacio​ ​de​ ​las​ ​Especias,​ ​un​ ​oasis​ ​de​ ​paz​ ​que​ ​aguarda​ ​en​ ​la​ ​Medina. El Riad Palacio de las Especias, bajo el lema “nada por fuera, todo por dentro”, fue ese pequeño y auténtico lugar donde yo encontré la paz tras el viaje. Llegué a Marrakech con más de 2 horas de retraso, pero nada de eso importó en cuanto crucé la puerta de madera del riad. Fue una sensación muy extraña y acogedora al mismo tiempo; era como estar en casa. La comodidad del espacio, junto a esa colonial decoración, escogida a propósito del ambiente,​ ​me​ ​robó​ ​de​ ​la​ ​cabeza​ ​todos​ ​los​ ​malos​ ​pensamientos.

 

El recibimiento no pudo ser mejor: un rico té marroquí helado. Aquella noche era, como diría en mi tierra, una noche toledana. Calurosa allá donde las había, con una enorme luna llena que alumbraba los callejones de la medina. Y allí estaba. Al fin, después de tantos años, estaba​ ​cumpliendo​ ​uno​ ​de​ ​mis​ ​sueños:​ ​visitar​ ​Marruecos.
La primera toma de contacto con el riad, ya bien entrada la noche, no pudo ser mejor. La habitación me dejó sin palabras pues era digna de un sultán. La cama fue para mí como estar ante nubes de algodón mullidas y reconfortables, de esas que uno imagina que tendrá en la otra vida. Cada detalle está cuidado al milímetro, desde el tipo de farolillos que alumbran la habitación, los marcos de madera de las puertas, los cojines con estampado, hasta​ ​los​ ​cordeles​ ​de​ ​encendido​ ​y​ ​apagado​ ​de​ ​la​ ​luz.

 

El mimo que se palpa en los detalles no sólo es cosa del dormitorio. El patio, la recepción y el ático también se caracterizan por esa misma atmósfera envolvente. Tal vez esté idealizando al decir esto, porque Marruecos es un destino especial, pero tal vez también esté en lo cierto cuando digo que este riad, sabe cómo atraparte. ¿Quién quiere marcharse de​ ​un​ ​lugar​ ​donde​ ​se​ ​respira​ ​tranquilidad​ ​y​ ​sosiego​ ​con​ ​el​ ​paso​ ​del​ ​tiempo?

Mientras estuve allí entablé amistad con los chicos de recepción. Personas maravillosas de gran corazón que siempre me regalaban una amable sonrisa y se ofrecían a responder mis preguntas. “Aquí viene la preguntona” debían pensar. Pero qué le voy a hacer si soy una curiosa, si me encanta conocer la historia de cada lugar, imaginar su origen y remontarme años​ ​atrás​ ​en​ ​la​ ​memoria.
Los riads en Marrakech son antiguas casas de familias bienestantes que supieron sacarle provecho a la vivienda en la Medina. El riad Palacio de las Especias, en concreto, cuenta con 7 habitaciones reformadas cuyos nombres curiosamente corresponden a los 7 accesos a la ciudad que existían en la antigüedad. Todos empiezan con la palabra ​Bab que significa “puerta” en árabe, por lo que si te alojas en la ​Bab Ksiba
​ , conocerás su historia a través de su​ ​decoración,​ ​a​ ​cada​ ​cual​ ​diferente.
Las puertas de madera exterior que hay en el patio junto a la piscina y los sofás, son originales del siglo XVIII. Los dueños quisieron conservar estas piezas durante la reforma y bajo mi opinión, fue todo un acierto que dota al riad de un plus difícilmente equiparable en la ciudad. Convierten el entorno en un rico espacio cultural que tiene su razón de ser, con una historia tras de sí. Ya os lo he dicho antes – la finura y delicadeza de cada rincón se respira nada​ ​más​ ​entrar.

 

 

El Riad Palacio de las Especias es un sitio que siempre viene a la memoria, bien sea por la historia de sus portones, el frondoso y natural ambiente de las plantas y la piscina o el delicioso​ ​sabor​ ​de​ ​sus​ ​comidas.

Cada mañana al despertar, el desayuno está servido. No falta (al menos las dos noches que yo estuve allí) la naranja bañada en canela y agua de azahar o rosa junto a una selección de pastelitos árabes. Mermelada, manteca de cacao y una variedad de panes acaban decorando la mesa a tu alrededor casi sin darte cuenta, confundiendo aún más a tu apetito. ¿Como un croissant con mermelada y zumo de naranja? ¿Un té marroquí junto a sus típicas galletas? ¿Una crepe? ¿O mejor un cringal con queso? También es popular allí…Al final, la fusión de la comida francesa y la marroquí te hace probar todo, sólo “porque es gastronomía local”, o esa es la excusa que te pones a ti mismo…Qué importa unas calorías de​ ​más​ ​si​ ​la​ ​ocasión​ ​bien​ ​lo​ ​merece,​ ​¿no?

Desde luego el riad sabe cómo deleitar tu gusto con la comida y no solo tu mirada con la decoración. El resultado, inevitablemente, no es otro que salir de allí pensando que esa noche​ ​y​ ​esa​ ​mañana​ ​en​ ​el​ ​riad,​ ​han​ ​sido​ ​tu​ ​mejor​ ​capricho.

Cristina Fernandez
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