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La leyenda de San Jordi o cómo una historia se ha convertido en tradición

El día de San Jordi es una de las fiestas más queridas y esperadas por los catalanes. Un día donde las calles se llenan de color, de idiomas, de rosas, libros y personas compartiendo algo en común: la cultura. La Diada de San Jordi se ha convertido en una tradición que conmemora no sólo una bonita historia sino los valores de respeto, cariño y amor. Para San Jordi, prácticamente nadie falta a la cita. ¡Ni siquiera la Casa Batlló! Que aprovechan la ocasión para decorar la fachada con gusto y color de rosas rojas.

 

La leyenda de San Jordi se remonta cientos de años atrás, hasta la época celtíbera. Más tarde los cristianos adaptaron la historia a su parecer y hoy en día, el cuento que sigue de boca en boca, seguramente poco tenga que ver con el original…¡aunque no  por eso es menos bonito!

Para empezar, el nombre de Jordi significa “quien trabaja la tierra”, lo que ya nos da una pista del origen del cuento, que sitúa Montblanc como la ciudad donde sucedió toda la historia.

Cuenta la leyenda que existía un dragón muy temido por los catalanes que vivía en los alrededores de Montblanc. Se alimentaba de la comida que tenían las familias en sus casas pero nada parecía ser suficiente para él. Su carácter avaricioso y ególatra acababa con los pocos recursos que tenían los humanos a su alrededor.

Al parecer, un día, cansados los catalanes de exponer su dignidad y su vida a los deseos de este animal, tomaron una decisión conjunta. Harían un sorteo y aquel que tuviese la mala suerte de ser seleccionado, sería el próximo alimento del dragón. Al fin y al cabo, ya no les quedaba nada con ellos.

Lo cierto es que aún cuando no tenían alimentos ni calidad de vida, ninguno tenía las agallas suficientes para presentarse voluntario así que confiaron en que el sorteo diese la respuesta. Lo hacían con la esperanza de que así, la bestia al fin los dejaría en paz.

Entre las papeletas también se incluyó el nombre del rey y la princesa, pues tenía que ser un acto justo donde ricos y pobres jugasen la misma suerte. ¿El resultado? La princesa fue la elegida, para desgracia del rey. Resignada, ella aceptó su triste destino.

Cuando llegó el momento, San Jordi intervino a favor de la princesa, matando al dragón con su espada. Se dice que de la sangre del dragón apareció una rosa roja. Una rosa que San Jordi entregó a la princesa tras su liberación.

 

Esta historia, dotada de ese típico y romántico carácter que sólo encontramos en la literatura, tiene varias versiones con detalles muy dispares entre sí. Hay quien dice, por ejemplo, que la decisión de hacer un sorteo recayó en manos de un Consejo Comarcal y no de todo el pueblo.

La versión más popular hace hincapié en los intentos fallidos del rey por salvar a su hija, mientras que otros explican que no se opuso al resultado del sorteo y aceptó, sin rechistar, que la princesa fuese la elegida.

También siempre se ha asociado San Jordi a ese valeroso y galán caballero que, como en cualquier cuento de Disney, salva a la princesa del dragón y logra su amor. Sin embargo, no es extraño atribuir este romántico final a una inventiva actual, pues al parecer la leyenda no menciona ningún detalle al respecto. Más bien, se dice que San Jordi se marchó tal y como vino, solo y sin princesa, después de haber cumplido su propósito. Por tanto, no hubo regalo de la rosa ni final feliz entre ellos.

En cualquier caso, ¿qué aprendemos de todas estas historias y leyendas que están tan vinculadas a un lugar? Que la historia y la cultura está allá donde vayamos, impregna cada detalle del cuento, y es que es cierto…cada leyenda tiene parte de verdad.

Los catalanes bien lo saben y por eso, cada año en Montblanc por la Diada de San Jordi organizan un plan especial, donde no falta la feria de libros y rosas junto a espectáculos teatrales al más puro estilo medieval.

La tradición que ha llegado a nosotros es regalar una rosa a las mujeres de la familia, sea madre, mujer o hermana, mientras que para los hombres el privilegio es recibir un libro. Este detalle añadido tal vez es sólo consecuencia del día y no de la historia.

Cada año el 23 de abril es el día del libro, de la literatura, de Cervantes y de la cultura, así que aunque sólo sea por ese motivo, la fusión de una tradición española con una propia catalana hacen de la Diada de San Jordi un día único y especial.

El consumismo ha hecho sus estragos en este día y si ahora vivís el 23 de abril en Barcelona, podréis comprobar todos los intereses comerciales que derivan de esta bonita tradición. Aún así, sólo por el hecho de fomentar la lectura y la venta de libros, un gremio de gran importancia si no queremos perder la cultura en nuestro país, merecen la pena todos los descuentos que los comercios hacen. Y ya no hablemos de cómo se implica el Ayuntamiento de Barcelona con la decoración. La Casa Batlló, inspirada en el dragón de la leyenda (de ahí el tejado simulando las escamas del animal), se recarga de flores rojas que le dan un aire aún más representativo y personal, ¿no creéis?

 

¡Feliz Diada de San Jordi!

Cristina Fernandez
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